No oyes a los perros ladrar
NO OYES LADRAR A LOS PERROS
Comentario Literario
La historia inicia con un diálogo entre un padre y su
hijo, que se llevan a cabo en un monte lleno de piedras, en un anochecer claro,
ventoso y estrellado, con una inmensa luna que los alumbraba y que simbolizaría
esperanza en el rumbo al pueblo de Tonaya en busca de un médico para salvarle
la vida a su hijo. Los personajes comienzan con un pequeño dialogo que con
el pasar de la lectura se volvería un monólogo por parte del padre, que se
desvelaría por el comportamiento violento y criminal de su hijo Ignacio. Y que
a pesar de todo eso, exhausto, doloroso, sin poder oír y también sin obtener
señales del pueblo, persevera con el afán de lograr salvar la vida de su hijo
maleante.
Entonces el padre, un hombre mayor, carga a su hijo en sus hombros, y mediante el recorrido al campo le pregunta a su hijo si el observa o escucha a lo lejos a perros ladrando, o encontrar alguna señal para llegar hacia Tonaya, en busca de un médico que le salve la vida a Ignacio, una persona que andaba en malos pasos según la lectura.
A lo largo de esta obra, es muy fácil saber cual es el problema, pues durante el monólogo, el padre no
deja de culpar y criticar, además de mostrarle el odio y rencor que tiene hacia
su hijo, que es lo mas importante en el análisis de esta obra. Ignacio cansado y
herido, le pedía que lo bajase, que le dé algo de tomar y que lo deje
descansar, pero su padre estaba totalmente cansado, se le doblaban las piernas,
y le decía que si él lo bajase no podría volver a subirlo a sus hombros de lo
tan cansado e incómodo que estaba. Pero el problema más grande era que si
le tenía tanta decepción, porque ayudó a su hijo, porque si le tenía tanto
desprecio y decepción lo ayudaba?, el motivo de su remordimiento era su
difunta esposa, la madre de Ignacio, y una persona bondadosa, puesto que
cualquier necesidad que tenía su único hijo, iba a calmar sus caprichos,
todo con el fin de que este se convirtiera en un hombre de bien y de noble
corazón, que la ayudara, que la sostuviera y ayude al prójimo, pero
lamentablemente un aborto acabaría con su vida, y de cierta manera
afortunada, no vería en lo que su único hijo se convertiría.
Percibiendo sobre su cabeza llorar, y en su cuello caer
gotas de lágrimas, Ignacio recordando a su madre y de
cierta manera concientizando todo lo que sus padres hacían por él, y la forma
tan desvergonzada de como él les pago. ¿Lloras, Ignacio? Lo hace llorar a
usted el recuerdo de su madre, ¿cierto? Pero nunca hizo usted nada por ella.
Nos pagó siempre mal. Parece que, en lugar de cariño, le hubiéramos retacado el
cuerpo de maldad. ¿Y ya ve? Ahora lo han herido. Además una breve comparación de sus compañeros de atraco, que por
llevar esa vida llena de maldad los mataron a todos y a comparación de él,
no tenían a quien darle su lastima. Aún más aterrador, es como el padre le
pide que si sale de ese accidente, no se vuelva a aparecer
por esos rumbos, que se aleje lo más lejos posible, porque en otro tiroteo como
ese, además de que es muy posible que no cuente con la suerte de sobrevivir, no
lo volvería a ayudar.
En conclusión, pudieron observar a lo lejos los tejados
iluminados por la luna que durante todo el relato les brindaba esperanza, y en
el momento que al fin llegaron al pueblo se apoyó en una de las paredes, y en
la acera bajo el cuerpo de su hijo, que ya flojo destrabo los dedos de su
cuello, y al quedar sus oídos libres, por todos los lados se escuchaban
los perros ladrar, cosa que su hijo jamás pudo escuchar, y que hasta el último
momento su padre no dejo de mostrarle la decepción que le tenía. - ¿Y
tú no los oías, Ignacio? - No me ayudaste ni siquiera con esta esperanza.
La obra del
escritor Juan Rulfo (NO OYES LADRAR A LOS PERROS) es una obra la
cual nos brinda demasiado material para analizar, como los tipos de narradores
que se presenta en la obra, como el narrador homodiegético, como lo son Ignacio
y su padre, también se visualizan partes de narraciones heterodiegéticas. Los
personajes además de ser solo protagonistas, su descripción es muy esencial,
Ignacio que no lograba escuchar a los perros, era un delincuente, un
asesino, y una persona sin remordimientos, todo lo contrario, a su padre, cuyo
nombre no se dio a conocer en toda la obra, pero es un campesino sencillo,
humilde, y generoso, pero que le decía a Ignacio las consecuencias de sus malas
acciones, y su desarrollo lleva a cabo partes en la que las palabras duelen, y
siempre le hacía saber que es una gran decepción. Esta obra aparte de ser famosa,
relata la violencia que se viven en muchas familias, que se asemeja a los
sentimientos, real o irreal, para demostrarnos un mundo atormentado, que era lo
que Juan Rulfo nos expresa de una forma indirecta. La obra se realiza en un
escenario común en Rulfo, y tanto el lenguaje que se utiliza como la historia
que se cuenta indirectamente, es muy satisfactorio para que el lector pueda
identificar el ambiente con más claridad de cómo lo describe el autor, y brinda
a la narración mucho más realismo y verosimilitud.
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