NO OYES A LOS PERROS LADRAR

 

NO OYES LADRAR A LOS PERROS 


No oyes ladrar a los perros, es una obra del escritor Mexicano Juan Rulfo (1917 - 1986), que se caracterizó por participar en la Revolución Mexicana, y que por sus obras literarias presentó una combinación entre la realidad y la fantasía desarrollados en ambientes rurales. El cuento se basa en una narración temática entre un padre y su hijo, que es muy común en la ficción de Juan Rulfo, sin embargo, su único interés al presentar esta obra, es exponer a los lectores la evidencia de cómo es el mundo en donde vivimos, y que permitan considerar a la frase "No oyes ladrar los perros" como un punto de entrada para analizar en su totalidad el cuento.

 

El relato comienza con un diálogo entre un padre y su hijo, que se desarrollan en un monte lleno de piedras, en una noche clara, ventosa y estrellada, con una enorme luna que los iluminaba y que simbolizaría esperanza en el rumbo al pueblo de Tonaya en busca de un médico para salvarle la vida a su hijo. Los personajes comienzan con un pequeño dialogo que con el pasar de la lectura se volvería un monólogo por parte del padre, que se desvelaría por el comportamiento violento y criminal de su hijo Ignacio. Y que a pesar de todo eso, exhausto, doloroso, sin poder oír y también sin obtener señales del pueblo, persevera con el afán de lograr salvar la vida de su hijo maleante.

Si bien el padre, un hombre mayor, carga a su hijo en sus hombros, y que mediante recorren el campo le pregunta a su hijo si puede observar o escuchar a lo lejos a los perros ladrando, o encontrar alguna señal para llegar hacia Tonaya, en busca de un médico que le salve la vida a  Ignacio, una persona que andaba en malos pasos según lo cita la lectura   "Lo dije desde que supe que usted andaba trajinando por los caminos, viviendo del robo y matando gente… Y gente buena. Y si no, allí está mi compadre Tranquilino. El que lo bautizó a usted. El que le dio su nombre. A él también le tocó la mala suerte de encontrarse con usted. Desde entonces dije: “Ése no puede ser mi hijo.”  (Rulfo, No oyes ladrar a los Perros)

En el desarrollo de esta obra plana, es muy fácil identificar cual es la incertidumbre, pues durante el monólogo, el padre no deja de culpar y criticar, además de mostrarle el odio y rencor que tiene hacia su hijo, que es lo fundamental en el análisis de esta obra. Ignacio cansado y herido, le pedía que lo bajase, que le dé algo de beber y que lo deje descansar, pero su padre estaba realmente agotado, se le doblaban las piernas, y le decía que si él lo bajase no podría volver a subirlo a sus hombros de lo tan cansado e incómodo que estaba. Pero la interrogante más grande era que si le tenía tanta decepción, porque ayudó a su hijo, porque si le tenía tanto desprecio y decepción lo ayudaba?, el motivo de su  remordimiento era su difunta esposa, la madre de Ignacio, y una persona bondadosa, puesto que cualquier necesidad que tenía su único hijo, corría a socorrer sus caprichos, todo con el afán de que este se convirtiera en un hombre de bien y de noble corazón, que la ayudara, que la sostuviera y ayude al prójimo, pero lastimosamente un aborto espontáneo acabaría con su vida, y de cierta manera afortunada, no vería en lo que su único hijo se convertiría.

Sintiendo sobre su cabeza sollozar, y en su cuello caer gotas gruesas de lágrimas, Ignacio exponiendo el recuerdo de su madre y de cierta manera concientizando todo lo que sus padres hacían por él, y la forma tan desvergonzada de como él les pago. ¿Lloras, Ignacio? Lo hace llorar a usted el recuerdo de su madre, ¿verdad? Pero nunca hizo usted nada por ella. Nos pagó siempre mal. Parece que, en lugar de cariño, le hubiéramos retacado el cuerpo de maldad. ¿Y ya ve? Ahora lo han herido. (Rulfo, No oyes ladrar a los Perros), además una breve comparación de sus compañeros de atraco, que por llevar esa vida llena de maldad los mataron a todos y a comparación de él, no tenían a quien darle su lastima. Aún más perturbador, es como el padre le pide que si sale de ese accidente "balacera", no se vuelva a aparecer por esos rumbos, que se aleje lo más lejos posible, porque en otro tiroteo como ese, además de que es muy posible que no cuente con la suerte de sobrevivir, no lo volvería a ayudar.  

Finalmente, pudieron observar a lo lejos los tejados iluminados por la luna que durante todo el relato les brindaba esperanza, y en el momento que al fin llegaron al pueblo se apoyó en una de las paredes, y en la acera bajo el cuerpo de su hijo, que ya flojo destrabo los dedos de su cuello,  y al quedar sus oídos libres, por todos los lados se escuchaban los perros ladrar, cosa que su hijo jamás pudo escuchar, y que hasta el último momento su padre no dejo de mostrarle la decepción que le tenía. ¿Y tú no los oías, Ignacio? - No me ayudaste ni siquiera con esta esperanza.  (Rulfo, No oyes ladrar a los Perros)



La obra del escritor Mexicano Juan Rulfo NO OYES LADRAR A LOS PERROS es una obra donde brinda mucho material para analizar, como el tipo o tipos de narradores que se presenta en la obra, como el narrador homodiegético, es decir, Ignacio y su padre, pero además se visualizan partes de narraciones heterodiegéticas - " el remordimiento fue la causa de compasión del padre, quien además recordaba a su difunta esposa y madre" (Rulfo, No oyes ladrar a los Perros ), pues no forma parte de la obra, sino un narrador exterior. Los personajes aparte de ser solo protagonistas, su descripción es muy básica, Ignacio que no lograba escuchar a los perros, era un maleante, un asesino, y una persona sin remordimientos, todo lo contrario, a su padre, cuyo nombre no se dio a conocer en toda la obra, pero es un campesino sencillo, humilde, y generoso, pero que le reprochaba a Ignacio las consecuencias de sus malas acciones, y su desarrollo lleva a cabo partes en la que las palabras duelen, y siempre le hacía saber que es una gran decepción. Esta obra aparte de ser prestigiosa, habla de la violencia que se viven en muchos hogares, que se asemeja a los sentimientos, real o irreal, para demostrar un mundo atormentado, que era lo que Rulfo expresaba de forma indirecta a los gobiernos de la Revolución Mexicana. La obra se desarrolla en un escenario común en Rulfo, y tanto el lenguaje que se utiliza como la historia que se cuenta indirectamente, es muy satisfactorio para que el lector pueda identificar el ambiente con más claridad de cómo lo describe el autor, y brinda a la narración mucho más realismo y  verosimilitud. 

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